El Banco Central ha saldado sus compromisos financieros con Estados Unidos, un movimiento que ha reavivado el debate y la incertidumbre en torno a la verdadera naturaleza de un acuerdo monetario previamente anunciado. Esta acción ha intensificado las dudas sobre la existencia de un supuesto «swap» de divisas por 20 mil millones de dólares, una cifra que, en su momento, se presentó como un refuerzo crucial para las reservas del país. La cancelación de estas operaciones, lejos de clarificar el panorama, ha alimentado la sospecha de que el acuerdo nunca fue un intercambio de monedas en el sentido técnico.
En lugar de un swap formal, las transacciones se materializaron en dos intervenciones específicas. La primera fue una acción directa del Tesoro de Estados Unidos en el mercado cambiario argentino, inyectando aproximadamente 2 mil millones de dólares para contener una corrida que amenazaba la estabilidad preelectoral. Esta operación permitió al Tesoro vender dólares a un precio elevado y recomprarlos a uno inferior en las ruedas posteriores, obteniendo un beneficio. La segunda consistió en un préstamo de 860 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro (DEG) para cubrir un vencimiento con el Fondo Monetario Internacional, una ayuda que, sin embargo, no fue complementada por el desembolso esperado del propio FMI.
Fuentes del mercado financiero han señalado que la prometida cifra de 20 mil millones de dólares nunca se reflejó de manera contable en el balance del Banco Central, ni hubo un ingreso bruto de tal magnitud. Esto contradice la definición de un swap técnico. En realidad, se trató de una operación del Fondo de Estabilización Cambiario del Departamento del Tesoro de EE. UU., ejecutada a través del Banco de la Reserva Federal de Nueva York como agente financiero, con la participación de Banco Santander como intermediario. Expertos consultados enfatizan que, a diferencia de un swap formal que requiere la aprobación del Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal, esta fue una decisión política discrecional del Tesoro estadounidense para estabilizar el dólar en Argentina.
La cancelación de estas operaciones, realizada con recursos computables bajo normativas de Basilea, implica que hubo un rendimiento financiero, lo que sugiere que la asistencia no fue neutral y que se generaron ganancias. Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, celebró públicamente la «rápida y completa» devolución del préstamo por parte de Argentina, destacando que la operación dejó «decenas de millones de dólares de ganancia para el contribuyente estadounidense». Bessent elogió la gestión de Javier Milei y Luis Caputo, enmarcando la acción como un éxito de la doctrina «America First». Este desenlace ha reavivado la discusión sobre el destino de los activos más sensibles del Banco Central, con algunos operadores del mercado mirando hacia las reservas de oro como posible respaldo.
