Una reciente controversia en torno a la designación de autoridades para la Auditoría General de la Nación ha puesto a prueba la relación entre el gobierno y uno de sus principales socios legislativos. A pesar de la visible irritación manifestada por el bloque del PRO, desde las esferas del Poder Ejecutivo se insiste en que la alianza parlamentaria no corre peligro, atribuyendo el descontento a una reacción desmedida.
Fuentes cercanas al oficialismo han restado importancia a la situación, afirmando categóricamente que «No existe, no hubo, ni va a haber ningún problema con el Partido Republicano». La administración justifica las designaciones en la AGN, que excluyeron al candidato propuesto por el PRO, Jorge Triaca, argumentando que «Lo que se votó es lo que corresponde en proporcionalidad a la Cámara de Diputados». Para mitigar el conflicto, se propició un encuentro entre el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, el ministro del Interior, Diego Santilli, y el líder del bloque del PRO, Cristian Ritondo. Santilli, en un intento por apaciguar los ánimos, admitió públicamente que «la calentura del momento» de Ritondo era «válida», y valoró el respaldo del PRO a las reformas.
Sin embargo, la visión optimista del gobierno contrasta con el sentir de la bancada del PRO, donde, a pesar de confirmar su apoyo a iniciativas clave como el Presupuesto 2026 y la Reforma Laboral, se asegura que la relación «está rota». Desde el partido se reprocha al Ejecutivo haber negociado con otras fuerzas y haber incumplido compromisos previos, como la asignación de un puesto en el directorio de YPF para el exdiputado Martín Maquieyra y la designación de referentes en delegaciones de ANSES. Esta fricción se suma a una historia de desencuentros entre Cristian Ritondo y Martín Menem, que se agudizó con el pase de algunos legisladores del PRO a las filas oficialistas, un movimiento que, según una fuente legislativa, «le jugó mal a Menem».
