El clima dentro de las instituciones militares se ha vuelto tenso tras una serie de lamentables fallecimientos que han puesto en el centro de la discusión la situación de los soldados. En menos de una semana, tres efectivos del Ejército perdieron la vida en circunstancias que se investigan como posibles suicidios, ocurridos en Mendoza, la Quinta de Olivos y Corrientes. Estos trágicos eventos han intensificado el descontento ya existente hacia la gestión del actual ministro de Defensa, Carlos Presti, y han reavivado preocupaciones sobre el bienestar del personal.

Fuentes internas de las fuerzas armadas señalan que la problemática se profundiza en la base, afectando directamente a los soldados voluntarios. Se denuncia una carencia significativa de apoyo psicológico, salarios que no alcanzan y deficiencias en la atención médica. Un informante militar en actividad expresó la gravedad de la situación: «Cuando la tropa habla en voz alta y habla con la novia o con el vecino es para quilombo». Además, se hizo hincapié en la falta de un control psicológico adecuado para jóvenes que, con apenas unos meses de instrucción, son asignados a tareas de seguridad de alta responsabilidad, como la custodia presidencial.

Este panorama de insatisfacción no se limita solo al Ejército. Otras ramas, como la Fuerza Aérea y la Armada, observan con escepticismo la dirección actual, anticipando una «gestión corta y de fracaso» para el ministro. Se percibe un desequilibrio generado por la supuesta preferencia de Presti al designar a compañeros de su promoción en puestos clave, lo que ha mermado la simpatía de las otras fuerzas. Un claro indicio de este distanciamiento fue la notoria ausencia de la Armada en el acto de jura del funcionario.

La decepción también se extiende a los recientes cambios en la cúpula militar. Lo que se esperaba como una renovación profunda, es visto por algunos como «una purga quirúrgica para devolver favores», en lugar de una verdadera «limpieza» institucional. Mientras tanto, los soldados continúan enfrentando desafíos económicos, con salarios bajos y problemas persistentes en la obra social y la jerarquización salarial, cuestiones que ya venían arrastrándose de administraciones anteriores.