El reciente desembarco de los aviones F-16 en Argentina, adquiridos a Dinamarca por 300 millones de dólares, ha generado un intenso debate en el ámbito de la defensa. La celebración oficial por la incorporación de estas aeronaves se contrapone con revelaciones sobre transacciones similares en otros países, que ponen en tela de juicio el costo de la operación. En particular, se ha destacado que Rumania obtuvo 18 F-16 de Países Bajos por un precio simbólico de un euro, asumiendo únicamente los gastos logísticos de 21 millones de euros. Expertos y fuentes militares han señalado que los F-16 argentinos carecen de la tecnología necesaria para operar en las Islas Malvinas y que su vida útil es limitada, al ser considerados de «segunda mano», una razón por la cual Colombia los descartó en 2023.
La controversia se extiende a la compra de vehículos blindados Stryker a Estados Unidos, por la cual Argentina desembolsó 100 millones de dólares por 27 unidades. Este acuerdo contrasta con la inminente adquisición de 250 Stryker por parte de Polonia a Estados Unidos, también por un valor simbólico de un dólar. Estos blindados, utilizados previamente en Afganistán e Irak, llegarían a Polonia en condiciones que requerirían costosas reparaciones y modernizaciones. En el Ejército argentino, se había preferido la opción de los vehículos Guaraní de Brasil, que ofrecían 161 unidades por 400 millones de dólares, resultando en un costo unitario significativamente menor y con componentes mecánicos de fabricación argentina.
Frente a las críticas, el ex ministro de Defensa, Luis Petri, defendió las adquisiciones, calificándolas como «la compra militar más importante de los últimos cuarenta años» y un «salto tecnológico de treinta años». Petri ironizó sobre los cuestionamientos, afirmando que «ahora se han transformado todos en sommelier de aviones caza», y destacó que estas incorporaciones buscan «tener el control y vigilancia de nuestro espacio aéreo» y proteger los recursos nacionales. Sin embargo, fuentes militares consultadas expresaron que tanto los F-16 como los Stryker son material obsoleto del que Estados Unidos y sus aliados de la OTAN se están desprendiendo, lo que plantea interrogantes sobre la idoneidad y el valor real de las compras realizadas por el gobierno argentino.
