José Luis Caputo logró un acuerdo clave con las grandes cerealeras argentinas tras la polémica eliminación temporal de las retenciones a la soja, una medida que favoreció principalmente a las exportadoras más poderosas del sector. Estas empresas, entre las que se destaca la multinacional china Cofco, aprovecharon la quita de retenciones para declarar grandes volúmenes de harina de soja con retenciones cero, generando ganancias millonarias y posicionándose como las principales beneficiarias de esta maniobra.

El negocio se potenció gracias a una estrategia financiera conocida en la City como el «carry sojero». Las cerealeras vendieron soja «en papel» utilizando dólares prestados a bajas tasas, con los cuales obtuvieron pesos que luego invirtieron en bonos dolarizados (dólar linked). Estos instrumentos les permiten cubrirse frente a la devaluación esperada tras las elecciones, asegurando ganancias tanto por la tasa de interés como por la posible suba del tipo de cambio oficial. De esta forma, mientras el Estado consiguió renovar deuda en pesos con un rollover superior al 130%, las exportadoras blindaron sus posiciones financieras y aseguraron beneficios extraordinarios.

Este esquema generó gran malestar en el sector productivo, especialmente entre los medianos y pequeños productores, quienes consideran que la maniobra favoreció exclusivamente a un puñado de grandes comercializadoras, dejando fuera a la mayoría. Además, la presión internacional, especialmente desde Estados Unidos, se hizo sentir a través del secretario del Tesoro Scott Bessent, quien instó a restablecer las retenciones para equilibrar la competencia entre ambos países, ya que Argentina y Estados Unidos compiten directamente en la producción y exportación de soja. En definitiva, la jugada financiera de Caputo y las cerealeras consolidó a China como la gran ganadora en el comercio de soja argentino, mientras que el gobierno logró oxígeno financiero a costa de una creciente tensión con los productores locales y el mercado internacional.