La región oeste de la provincia de Buenos Aires enfrenta una crisis hídrica sin precedentes que pone en riesgo la producción agropecuaria local. Tras casi seis meses de lluvias intensas, que superaron las previsiones anuales, vastas extensiones de tierra permanecen anegadas, afectando a más de tres millones de hectáreas. Esta situación ha obligado a varios tambos a cerrar sus puertas y ha provocado el desplazamiento de familias rurales hacia zonas urbanas, evidenciando la gravedad del impacto social y económico.

Los partidos más afectados, como 9 de Julio, Carlos Casares, Bolívar e Hipólito Yrigoyen, forman parte de la Cuenca del Salado, una zona clave que aporta cerca del 20% de la producción agropecuaria nacional. Sin embargo, la falta de infraestructura adecuada para el manejo del agua agrava la emergencia. Según Pablo Ginestet, secretario de CARBAP, el Plan Maestro del Salado, que debía haberse completado en 2015, sigue inconcluso, lo que ha dejado a los productores sin respaldo frente a esta situación crítica. La demora en la declaración de emergencia agropecuaria y en la asignación de fondos desde el gobierno nacional y provincial también ha complicado la respuesta.

Desde CARBAP se reclama con urgencia la implementación de líneas de crédito accesibles para los productores afectados y que los municipios dispongan de recursos y maquinaria para tareas de mitigación básicas. La organización enfatiza que no se trata de pedidos extraordinarios, sino de herramientas concretas para sostener la producción mientras se planifican y ejecutan obras estructurales que permitan enfrentar futuras crisis hídricas. La situación actual pone en jaque no solo la economía rural, sino también la estabilidad de comunidades enteras que dependen de la actividad agropecuaria.