La reciente votación en el Congreso marcó un duro revés para el oficialismo, que no solo esperaba perder, sino que se vio sorprendido por la amplia diferencia en contra de los vetos presidenciales sobre el aumento de fondos para la Emergencia Pediátrica y las universidades públicas. La Casa Rosada, aunque anticipaba un resultado adverso, no previó que la derrota fuera tan contundente, lo que generó tensiones internas y acusaciones cruzadas por la gestión de la estrategia política.
En el seno del Gobierno, se señalaron diversas responsabilidades. Mientras públicamente se responsabilizaba al kirchnerismo por la derrota, en privado se criticaba la falta de apoyo de algunos aliados clave, especialmente del sector vinculado a Santiago Caputo, que apuntó a la presidencia de la Cámara de Diputados bajo Martín Menem. La deserción de algunos diputados y la pérdida de respaldo de gobernadores complicaron la defensa de los vetos, lo que se tradujo en una votación con más de 170 votos en contra, superando las expectativas oficiales.
A pesar del impacto político y económico, con el riesgo país en alza y el dólar subiendo, desde el Gobierno intentaron mantener la calma y minimizar las consecuencias inmediatas. La agenda proselitista continuó vigente, con reuniones y conferencias programadas para los días siguientes. Sin embargo, la derrota evidenció una crisis interna y una desconexión con sectores que antes apoyaban al oficialismo, mientras las protestas universitarias crecían en distintas ciudades, desafiando la narrativa oficial que las calificó de intentos golpistas.
