La derrota electoral en la provincia de Buenos Aires ha desatado una profunda crisis interna dentro del espacio político de Javier Milei, evidenciando una fractura que pone en jaque la autoridad presidencial. En medio de esta turbulencia, la figura de Karina Milei, hermana del mandatario y secretaria general, se ha convertido en el eje central de la disputa. A pesar de las acusaciones por presuntas coimas en el área de discapacidad y la presión para que abandone su cargo, Javier Milei ha manifestado un respaldo inquebrantable hacia ella, sosteniendo que «sin Karina no hay proyecto político». Este mensaje se ha reforzado con una campaña intensa en redes sociales, donde seguidores y funcionarios cercanos repiten que la relación entre ambos es indivisible y que Karina es el sostén humano y político del presidente.

La interna se profundiza con el enfrentamiento entre distintos sectores del gobierno, donde Santiago Caputo, asesor cercano a Milei, ha visto debilitado su poder tras la irrupción de Karina en la gestión política y la creación de una nueva mesa bonaerense que busca licuar la influencia de Caputo. Además, la incorporación de figuras como Lisandro Catalán al ministerio del Interior y el empoderamiento de Guillermo Francos reflejan un intento de reconfigurar el armado político para enfrentar la crisis. Sin embargo, estas medidas no han logrado calmar las tensiones, ya que varios gobernadores y referentes provinciales muestran desconfianza hacia el gobierno y mantienen una distancia crítica, evidenciando que la relación con las provincias es uno de los principales desafíos para la administración.

Por otro lado, el peronismo capitaliza la derrota de Milei, con Axel Kicillof consolidándose como líder en Buenos Aires y Cristina Kirchner enfrentando sus propias internas. La situación política se complica aún más con la investigación judicial que involucra a Diego Spagnuolo y la sombra de corrupción que afecta a la Secretaría General. En este contexto, el futuro de la mesa política de Milei se presenta incierto, con interrogantes sobre hasta cuándo el presidente podrá sostener el actual esquema de poder sin realizar cambios significativos que permitan recuperar la confianza tanto dentro de su espacio como en el electorado de cara a las elecciones de octubre.