El Gobierno decidió endurecer su discurso y minimizar el impacto nacional del revés electoral. Aunque Javier Milei expresó una autocrítica limitada tras los comicios, esta no se traduce en cambios concretos ni en una revisión profunda del plan económico. En lugar de ello, el oficialismo amplió la lista de adversarios, incluyendo a políticos, medios y empresarios, y comenzó a presentar la derrota como un hecho local, desvinculándola del escenario nacional.
En paralelo, el Ejecutivo reforzó su compromiso con el programa económico vigente, apoyándose en el respaldo explícito del Fondo Monetario Internacional (FMI). Julie Kozack, representante del organismo, ratificó la adhesión argentina al marco fiscal y monetario, mensaje que fue rápidamente replicado por el ministro de Economía, Luis Caputo. Esta señal buscó calmar a los mercados, que experimentaron una jornada más estable con un tipo de cambio sin grandes variaciones y una recuperación en los bonos dolarizados, aunque la volatilidad persiste ante la cercanía de las elecciones legislativas de octubre.
El Gobierno mantiene firme su rumbo basado en el equilibrio fiscal, un programa monetario ajustado y la continuidad de las bandas cambiarias pactadas con el FMI. Sin embargo, la falta de autocrítica política profunda y la radicalización del discurso evidencian una estrategia que prioriza la confrontación y la defensa del plan económico por sobre la búsqueda de consensos o ajustes políticos. En este contexto, la relación con los gobernadores sigue siendo tensa y la oposición legislativa se fortalece, anticipando un escenario complejo para los próximos meses.
