Durante una nueva edición del coloquio de IDEA, el presidente Javier Milei protagonizó un tenso cruce al apuntar contra la labor de los medios y cuestionar duramente a los comunicadores de La Nación, presentes en el auditorio donde exponía de forma virtual. Ante la mirada atónita de los empresarios y del propio conductor del evento, el mandatario federal intensificó el tono de su exposición y recriminó que «cuando sale un dato bueno se enojan o festejan los datos malos», generando un clima de marcada incomodidad entre los ejecutivos y referentes del círculo rojo allí reunidos.
“Me parece que a veces no puteamos lo suficiente a los periodistas… decirles que son basuras corruptas es poco… CIAO!” — en respuesta a un post contra Maru Duffard. “Para LA BASURA INMUNDA DUFFARD, si es alguien que comulga con sus nefastas ideas de izquierda, robar está bien. Pasaron cerca de 2.000 años y aún hoy existen SORETES que piden por Barrabás. ZURDA INMUNDA DE DOBLE MORAL. CIAO!”.
Lejos de dejar pasar el episodio, la periodista Maru Dufar realizó al aire un contundente y celebrado descargo donde expuso la gravedad de los ataques y reivindicó la importancia de la coherencia profesional frente al hostigamiento oficial. «No estoy dispuesta a que me narre el presidente de la Nación», sentenció con firmeza, al tiempo que cuestionó severamente los intentos de descalificación dirigidos contra aquellos comunicadores que ejercen la labor crítica hacia la gestión actual.
En su exposición, la comunicadora profundizó en su trayectoria y defendió el valor de la honestidad intelectual frente a la lógica de la descalificación sistemática. «Para mí, ser coherente, ser honesto intelectualmente, hacer algo por los demás, tener empatía con el otro, es importante», expresó, contrastando su recorrido profesional con los volantazos ideológicos de quienes hoy dirigen los destinos del país y pretenden condicionar la agenda informativa mediante agravios constantes.
Asimismo, la periodista remarcó que este tipo de reacciones gubernamentales demuestran la incomodidad que generan las verdades incómodas y el periodismo independiente. Al recordar sus coberturas anteriores, señaló que el termómetro del buen ejercicio profesional se mide cuando los distintos poderes de turno intentan disciplinar a la prensa: «Cuando gobernaba el kirchnerismo me puteaban los kirchneristas, cuando gobernó el macrismo me puteaban los macristas, y ahora gobierna La Libertad Avanza y me putea el oficialismo. ¿Qué dice eso de mi termómetro periodístico? Evidentemente no estoy haciendo las cosas mal».
El cruce desató una ola de reacciones en el ecosistema político y mediático, dejando en evidencia la persistente tensión entre el Ejecutivo y los trabajadores de prensa. La valiente respuesta cosechó elogios generalizados entre colegas y oyentes, consolidándose como una de las defensas más firmes de la libertad de expresión frente a un poder central que opta por la descalificación y el amedrentamiento en lugar del debate democrático.
