La relación entre Karina Milei y Patricia Bullrich atraviesa un momento de tensa convivencia dentro de la administración oficialista, donde los cortocircuitos se volvieron moneda corriente por las diferencias de criterio en el armado político. Mientras la funcionaria encargada de la estructura partidaria opta por tolerar las constantes autonomías de la dirigente parlamentaria, el malestar acumulado en el entorno presidencial empieza a evidenciar fisuras que complican la dinámica cotidiana de la gestión.

Desde la óptica del sector que responde directamente a la hermana del mandatario nacional, se asume que la exministra continuará marcando perfil propio de cara al escenario electoral, por lo que prefieren contenerla antes que desatar una ruptura abierta. “Se viene diferenciando desde el día cero. Ella considera que es su manera de aportarle valor al espacio. Es tómalo o déjalo”, graficó un colaborador con acceso diario a los despachos principales de la Casa Rosada sobre los recurrentes contrapuntos públicos.

A pesar de esa postura de pragmatismo, las señales de agotamiento no tardan en aparecer cada vez que se discuten proyectos clave en el Congreso o surgen cortocircuitos por la falta de coordinación en las iniciativas oficiales. En los pasillos gubernamentales advierten que el límite establecido para sostener esta frágil tregua pasa exclusivamente por evitar un quiebre formal o la creación de un bloque escindido, aunque reconocen que la paciencia del jefe de Estado y sus colaboradores más cercanos tiene un margen acotado frente a los repetidos roces internos.