El mapa político del peronismo comenzó a moverse con fuerza de cara a 2027, contemplando distintas alternativas según el futuro de las primarias. En este escenario de reordenamiento, los distintos sectores internos buscan evitar fracturas y priorizan mantener la unidad, aunque las diferencias metodológicas y de conducción ya se hacen notar en las mesas de discusión partidaria. La semana pasada, referentes como Máximo Kirchner, Ricardo Quintela, Sergio Uñac y Jorge Capitanich se reunieron para analizar diferentes metodologías que permitan resolver las discrepancias y legitimar a los postulantes mediante el voto.
Por un lado se ubica Axel Kicillof, respaldado por jefes comunales de la provincia de Buenos Aires y algunos referentes del interior, consolidando una propuesta con fuerte anclaje bonaerense con aparente vocación de diálogo hacia el interior. En la vereda de enfrente conviven un importante grupo de gobernadores y dirigentes provinciales (que se inclinan por un esquema de trabajo conjunto que evite centralizar todas las directrices partidarias exclusivamente en el distrito bonaerense) y el kirchnerismo puro, sectores que mantienen un trato cordial pero diferenciado. Dentro de esta corriente federal del interior, la figura del sanjuanino Sergio Uñac suena con fuerza. El sanjuanino viene recorriendo el país y charlando con actores clave para plantear un modelo de gestión basado en el orden fiscal, el desarrollo de la industria, la producción y una fuerte impronta de carácter social. Respaldado por sus dos gestiones al frente de San Juan, Uñac asoma como una alternativa joven y competitiva. Si bien hoy cuenta con un nivel menor de conocimiento público masivo, varios analistas políticos creen que una victoria en una eventual interna abierta o primaria lo catapultaría rápidamente gracias a la suma de votos de todo el arco justicialista, sin distinciones, para las elecciones generales.
En contraparte, Kicillof tiene alto nivel de conocimiento en el interior, pero bajo nivel de apoyo. El ex ministro de Cristina y gobernador bonaerense genera dudas en los votantes, que lo ven como una persona ejecutiva pero que decide en soledad y desde un despacho a puertas cerradas o apenas entre abiertas. La estrategia de Axel Kicillof maneja tiempos y dinámicas propios vinculados a su gestión provincial (con dificultades importantes) y a su caudal electoral, lo que genera dudas sobre cómo se articulará la síntesis final si las reglas del juego electoral cambian a nivel nacional.
Ante la incertidumbre sobre la continuidad de las primarias, la dirigencia justicialista debate alternativas para dirimir liderazgos sin romper el espacio. Entre las grandes dudas planteadas en el plano estratégico surge el interrogante sobre el verdadero alcance de figuras como Axel Kicillof: si bien el mandatario bonaerense podría llegar a imponerse en las PASO o en una compulsa interna, persiste la gran incertidumbre de si lograría aglutinar y sumar de manera efectiva el voto de todos los sectores del peronismo —especialmente de las provincias del interior y gran parte de los distritos bonaerenses disconformes con su gestión— tanto de cara a las elecciones generales como en un eventual escenario de balotaje.
El objetivo primordial de los principales referentes es encontrar un punto de equilibrio que contenga las aspiraciones tanto del sector centralizado como de las provincias. La meta central sigue siendo llegar competitivos a los próximos comicios nacionales sin desgastarse en peleas internas que beneficien a los adversarios políticos.
