En un nuevo paso que expone su marcada faceta ideológica y su constante vocación por reivindicar pasados dictatoriales, Javier Milei volvió a cruzar la frontera para formar parte de un foro ultraconservador. Desde allí, el jefe de Estado apeló a una narrativa profundamente confrontativa para justificar su modelo y rescató públicamente las medidas económicas instrumentadas durante el régimen militar de Augusto Pinochet, al tiempo que celebró la llegada al poder de dirigentes de extrema derecha en el país vecino.

Durante su discurso, el mandatario argentino recurrió a descalificaciones explícitas hacia sus detractores y atribuyó el devenir histórico de la región a la influencia de sectores progresistas, obviando las trágicas consecuencias humanas y sociales del proceso autoritario que defendió. Fiel a su estilo provocador, lanzó duros insultos a la oposición al asegurar que «el mejor antídoto contra estos zurdos mugrosos negadores de la realidad son los datos», mientras intentaba mostrar una supuesta solidez en sus indicadores macroeconómicos.

El tono de la exposición no se limitó al repaso histórico, sino que sumó acusaciones sobre conspiraciones políticas y desestabilizaciones institucionales. Javier Milei llegó a denunciar que durante el último período la oposición promovió un intento de golpe contra su administración mediante iniciativas parlamentarias y protestas callejeras. En esa misma línea combativa, afirmó que «tuvimos que deportar a más de 10 mil personas en 2025 y, en lo que va del año, 14 mil», argumentando que debió apelar a medidas drásticas para sostener su programa financiero.

Finalmente, la agenda del mandatario incluyó un encuentro bilateral con José Antonio Kast en el Palacio de La Moneda, ratificando la sintonía entre ambas gestiones. Con este tipo de intervenciones en el exterior, la máxima autoridad nacional insiste en posicionarse a través de un discurso agresivo que prioriza la polarización política y el aval a períodos oscuros del continente.