La llegada del Sumo Pontífice al país empezó a encender alarmas operativas antes de que se defina la agenda oficial. El foco de tensión se concentró en la Casa Rosada por la pretensión de administrar de manera centralizada toda la infraestructura, la logística de seguridad y el movimiento masivo de fieles que demandará cada evento. En los despachos bonaerenses y porteños prima la preocupación ante la falta de articulación de los equipos técnicos nacionales para una movilización masiva que requerirá un despliegue sin precedentes.
La controversia escaló al trascender que Karina Milei busca ponerse al frente de cada detalle del periplo e inclusive tiene en mente delegar la coordinación general en una allegada personal cuyo historial profesional está ligado a la organización de casamientos (wedding planner). En la gestión porteña remarcan que semejante tarea implica administrar una marea humana equiparable a reunir al público de «30 o 40 canchas de River en simultáneo», por lo que ven desatinado improvisar frente a la complejidad logística del asunto.
Desde las distintas jurisdicciones advierten que la magnitud del despliegue exigirá coordinar esquemas de hidratación masiva, hospitales de campaña, accesos viales e innumerables kilómetros de vallado. Un funcionario porteño analizó el panorama con crudeza respecto a las necesidades sanitarias y preventivas, al señalar que «el operativo que hay que armar para la misa es enorme. Va a hacer mucho calor y vas a necesitar muchas postas de hidratación, hospital de campaña, kilómetros de vallado, seguridad. Y necesitás organizar que los fieles lleguen. Es algo demasiado grande para la gente de Karina».
