El debate por la agenda tributaria volvió a encender la mecha entre los distintos espacios políticos tras el avance de la iniciativa oficialista en la Cámara de Diputados. Martín Lousteau apuntó directamente contra los cambios que impulsa el Gobierno nacional para flexibilizar las normativas de control sobre los activos sin declarar y descalificó de forma contundente la nueva propuesta. Con un tono irónico, el dirigente radical apeló a una conocida metáfora sobre el cine para cuestionar la insistencia del Ejecutivo con estas medidas y lanzar duras críticas sobre el impacto económico del plan impositivo.

En sus manifestaciones sobre el avance del proyecto conocido como Inocencia Fiscal II, Martín Lousteau disparó que «las segundas partes no son buenas, la primera ya era un desastre». Además, el dirigente no dejó pasar la oportunidad para responder a los reclamos del oficialismo por las trabas parlamentarias de la oposición y lanzó: «Me parte el alma, pobrecito», para luego cuestionar la actitud de los referentes libertarios: «¿Ustedes son conscientes de las cosas que hacen y se quejan ahora? ¿Reflexionan cuando les toca llorar? ¿O es solo cuando les toca a ustedes que no se puede bancar una sola de las miles de cosas que le hacen a los demás?».

La controversia escaló a partir de la media sanción obtenida en la Cámara baja, donde la iniciativa cosechó 139 votos afirmativos, 110 negativos y 2 abstenciones. El texto normativo tiene como meta principal incorporar al circuito formal de la economía un estimado de 170 mil millones de dólares que hoy permanecen al margen del sistema. Para lograrlo, el proyecto elimina viejos límites económicos y topes de ingreso, una flexibilización que despierta fuertes sospechas en la oposición por la relajación de los esquemas de fiscalización.

Con el tratamiento parlamentario ahora trasladado a la Cámara de Senadores, las miradas están puestas en el margen de negociación que tendrá el oficialismo para convertir en ley la reforma. La discusión promete intensificarse a medida que los distintos bloques evalúen si esta nueva etapa tributaria consolida un beneficio para la economía real o si, como sostienen sus detractores, otorga ventajas desproporcionadas a los grandes evasores de divisas.