En un escenario económico cada vez más ajustado, apenas el 7% de la población de clase media asegura estar en condiciones de saldar el monto total de su tarjeta de crédito. Esta marcada dificultad financiera provoca que cerca del 47% de los hogares de este segmento social reconozca contratiempos directos para cubrir sus gastos mensuales. Frente a este panorama, el plástico pasó a funcionar como una vía de financiamiento para compras cotidianas y de consumo básico, postergando la cancelación de los resúmenes y acumulando saldos que terminan alimentando una bola de endeudamiento permanente.
Esta tensión sobre las cuentas familiares se profundiza al observar el deterioro constante del mercado laboral. El salario real en el sector privado formal arrastra una contracción cercana al 14% en comparación con los niveles registrados en la última década, combinada con una pérdida sostenida que supera los 400.000 puestos de trabajo registrados en los últimos dos años y medio. En este contexto de menores ingresos y menos oportunidades, recursos alternativos como las changas o los empleos secundarios dejaron de ser una solución efectiva, empujando a las familias a un mayor endeudamiento bancario para sostener el día a día.
La convergencia entre menores ingresos y una deuda en aumento terminó por golpear de lleno las expectativas hacia adelante. Según las últimas mediciones de opinión pública de Opina Argentina, la mirada pesimista sobre el rumbo económico aumentó 7 puntos en el último mes, derivando en que 6 de cada 10 personas proyecten una degradación en su situación personal para los próximos meses. Con el 36% de las menciones, la desocupación se afianzó en el primer lugar de las inquietudes sociales, reflejando un nivel de desgaste que alcanza a más de la mitad de los propios votantes del espacio oficialista.
