El paso de Javier Milei por el Hotel Alvear durante el foro del Council of the Americas dejó un clima de marcado malestar e inquietud entre los hombres de negocios más influyentes del país. La reaparición pública del mandatario, tras más de una semana de encierro sin actividad ni recepciones en la residencia de Olivos, mostró a un jefe de Estado que desconcertó a la audiencia por su comportamiento disperso y poco habitual para la ocasión. Un descuido inicial graficó la escena: ignoró por completo a Susan Segal, la referente histórica de la entidad organizadora que esperaba saludarlo, y pasó de largo hacia el estrado sin reparar en su presencia.
A lo largo de su alocución, Javier Milei combinó un tono vehemente con declaraciones desajustadas del ámbito corporativo. Lejos de ofrecer previsiones de gestión o certezas sobre el plano productivo, disparó duras críticas hacia los sectores privados con insultos explícitos, acusándolos de pretender sostener privilegios. En ese marco, cruzó argumentos sobre la suspensión de restricciones comerciales y hasta celebró públicamente el despido masivo de trabajadores en empresas del sector del neumático, señalando a empresarios puntuales y demandando que asuman las pérdidas o quiebren en el nuevo esquema.
Para asombro de los asistentes, el discurso derivó rápidamente en digresiones sobre regulaciones sanitarias de la pandemia y conceptos cruzados sobre el aborto. Además, desestimó cualquier caída en el poder adquisitivo aduciendo que la retracción salarial en el empleo público favorece al contribuyente. La intervención concluyó en medio de una respuesta fría por parte del auditorio, donde crecen los temores de que las fallas de gestión y la persistente recesión terminen comprometiendo la vigencia del programa económico ante la sociedad.
