Dentro del Poder Ejecutivo nacional celebraron con ganas los últimos datos oficiales sobre la desaceleración de la inflación mayorista, tomándolos como una prueba clara de que el plan económico trazado es el correcto. Javier Milei sostiene de forma inflexible su estrategia centrada en ordenar los grandes números financieros y rehúsa volcar fondos o aplicar medidas puntuales para auxiliar a sectores golpeados. Desde la mirada del presidente, los hábitos de consumo no sufrieron un derrumbe, sino que experimentaron una transformación hacia canales de compra virtuales.

No obstante esa postura firme, en los pasillos de la Casa Rosada empiezan a escucharse voces que matizan el optimismo inicial. Mismo desde las autoridades monetarias como Santiago Bausili se admitió sin rodeos que el repunte productivo marcha a un ritmo más pausado del deseado, achacándole esta lentitud al desgaste tras años de crisis continuadas. El parate impacta de lleno en la economía cotidiana: los informes del sector industrial muestran caídas de hasta un 5,7% en la comparación interanual de la producción, acompañadas por contracciones notorias en el rubro de la construcción y desplomes que alcanzan el 18% en el armado de automóviles.

Frente al panorama de la economía doméstica, que parece no dejar de empeorar pese a la calma de la macroeconomía, los estrategas libertarios analizan el costo político con la mirada puesta en las urnas. Cerca de Karina Milei confían en que el malestar social no se traducirá en un castigo electoral. Consideran que el electorado sabrá valorar el equilibrio alcanzado y mantienen el convencimiento de que el oficialismo logrará imponerse con holgura en los próximos comicios nacionales.