Las tensiones en el armado político de la Ciudad de Buenos Aires volvieron a poner al descubierto los cortocircuitos entre Mauricio Macri y su primo Jorge Macri. El ex jefe de Estado viene masticando disconformidad porque nota que la gestión porteña avanza sin pedirle opinión, alejándose de su pretensión original de tutelar las decisiones clave del distrito. Sin embargo, los intentos de armar una alternativa interna chocaron con la negativa de sus principales alfiles: tanto María Eugenia Vidal como Guillermo Dietrich declinaron los ofrecimientos para anotarse en la carrera local.
A la hora de tantear nombres, las opciones se fueron acortando en el entorno del fundador del PRO. El propio Fernando De Andreis, uno de los hombres de mayor confianza en su mesa chica, terminó reconociendo públicamente que los nombres con mayor peso para encarar la contienda son Jorge Macri en territorio capitalino y Diego Santilli en el ámbito bonaerense. Cerca del ex presidente admiten que la posición del actual jefe de Gobierno se consolida gracias al manejo directo del partido a nivel local y al control sobre el calendario electoral, factores que traban cualquier maniobra para imponerle condiciones.
La dificultad para encontrar figuras competitivas no es un problema exclusivo del macrismo. En los pasillos de la Casa Rosada, Karina Milei atraviesa un escenario similar a la hora de buscar posicionar fichas propias frente al ejecutivo porteño. Ante este cuadro, la dirigencia libertaria comenzó a desplegar actividades territoriales junto a Pilar Ramírez, con la idea de consolidar volumen propio y garantizar un margen razonable de negociación cuando llegue el momento de discutir el reparto de lugares en las listas o los resortes del futuro gabinete.
