El escenario financiero muestra una marcada diferencia entre el costo de solicitar asistencia crediticia y el rendimiento que reciben los ahorristas. Hoy en día, tomar un préstamo personal implica afrontar tasas anuales cercanas al 66%, mientras que los rendimientos por depósitos a plazo fijo rondan apenas el 21% o 22%. Esta brecha, que se volvió la más amplia de los últimos quince años, responde a un aumento considerable en los niveles de morosidad y al desinterés de las entidades financieras por colocar dinero en el mercado de consumo masivo.

Frente a este panorama, desde el sector bancario sostienen que la distorsión del sistema no refleja únicamente su propia gestión de riesgo, sino también el impacto de los préstamos otorgados por billeteras virtuales y plataformas digitales. Según datos oficiales del Banco Central de la República Argentina, los incumplimientos en este tipo de compañías alcanzaron el 33% a mitad de año, marcando una distancia abismal con el 7,6% registrado en la banca tradicional. Esta situación llevó a los ejecutivos del sector a reclamar a la entidad encabezada por Santiago Bausili que desagregue las estadísticas para evitar que la alta tasa de impago de las financieras tecnológicas altere la imagen del sistema tradicional.

Por su parte, desde la autoridad monetaria indicaron que no contemplan implementar normativas extraordinarias ni modificar las exigencias de encajes para intervenir en esta dinámica. La visión oficial sostiene que la propia competencia del mercado terminará regulando los costos a medida que las entidades necesiten colocar sus fondos sobrantes. Mientras tanto, las instituciones prefieren volcar su liquidez hacia instrumentos del sector público o enfocarse en el crédito corporativo, aguardando que una eventual recuperación de los salarios reales permita estabilizar la capacidad de pago de los hogares.