El deseo de presenciar la definición de la Copa del Mundo en territorio norteamericano generó un fuerte revuelo interno dentro del oficialismo. Bartolomé Abdala decidió viajar para seguir de cerca el partido decisivo entre Argentina y España, a pesar de que el valor de las entradas en los canales de reventa ya superaba la exorbitante cifra de 30 mil dólares. Esta travesía se concretó ignorando las directivas expresas dictadas por Javier y Karina Milei, quienes habían solicitado de manera taxativa a los integrantes de su espacio que evitaran asistir al certamen para no quedar pegados a conductas asociadas con los beneficios del sector público.
La travesía del protagonista sumó complicaciones severas cuando las malas condiciones climáticas provocaron la suspensión masiva de vuelos en la terminal aérea de Fort Lauderdale. Ante el riesgo inminente de perderse el encuentro, se vivieron momentos de fuerte tensión en los mostradores comerciales. De acuerdo con diversos trascendidos, el involucrado apeló a sus fueros de representación legislativa para contactarse con la sede consular de nuestro país en la Gran Manzana, con la intención de conseguir un traslado de urgencia o recibir asistencia para contratar un servicio de aeronaves particulares.
Al no concretarse la alternativa del transporte exclusivo, la solución final requirió de un gran despliegue logístico. Se resolvió abordar un trayecto de línea convencional hacia Carolina del Norte, para luego emprender un viaje por tierra de aproximadamente 870 kilómetros que demanda unas nueve horas al volante. Este imprevisto profundiza el debate sobre el comportamiento de los representantes gubernamentales en eventos internacionales, sumándose a la reciente polémica generada en torno a las excepciones aplicadas a otros cuadros de la gestión como Santiago Viola y Adrián Ravier.
