Una serie de movimientos de capitales en el exterior que terminaron llamando la atención de la inteligencia norteamericana. El foco de este conflicto radica en la adquisición de inmuebles de altísima gama en zonas exclusivas de Florida por parte de Javier Faroni y su pareja, una maniobra que quedó asentada bajo un estricto seguimiento de las agencias federales de control de los Estados Unidos.

El trasfondo del asunto apunta a un presunto desvío de recursos originados en contratos comerciales de carácter internacional que maneja el fútbol argentino. Según trascendió de la información pública recabada por medios especializados de Miami, entre los años 2022 y 2025 se canalizaron transferencias bancarias de gran envergadura para la compra al contado de al menos cuatro inmuebles premium por un valor global que supera los 11 millones de dólares, todo esto llevado a cabo sin la mediación de créditos hipotecarios y mediante el uso de firmas societarias registradas en la región de Florida.

Si bien los asesores legales del empresario aseguran que toda la documentación respaldatoria está en orden y que las operaciones son completamente transparentes, el caso se encuadra dentro de una cruzada cada vez más rigurosa de las autoridades de ese país para rastrear el ingreso de divisas provenientes de Latinoamérica hacia el sector de real estate. Aunque el expediente se encuentra en una etapa preliminar de recolección de pruebas y no se han dictado imputaciones o cargos formales en los tribunales estadounidenses contra Javier Faroni ni contra las comisiones directivas de la entidad deportiva, a nivel local la situación ya venía sumando complicaciones tras algunos operativos de allanamiento ordenados por los tribunales nacionales en su vivienda de Nordelta a finales del año pasado.