El festejo del seleccionado local tras la victoria futbolística frente a Inglaterra dejó tela para cortar mucho más allá de lo deportivo. La bandera desplegada por los jugadores en pleno campo de juego, recordando el histórico reclamo soberano, caló hondo en suelo británico y encendió un debate inesperado en las principales cadenas de opinión de ese país. Los ecos de esa imagen cruzaron el Atlántico y empujaron a sectores de la prensa inglesa a plantear un freno de mano a la postura oficial que viene sosteniendo su gobierno desde hace décadas.

El encargado de patear el tablero fue Simon Jenkins, una de las firmas más respetadas de The Guardian y habitual colaborador de la cadena BBC. A través de un extenso artículo, el analista sacudió la modorra de la cancillería de su país al cuestionar abiertamente el costo económico y político de sostener un enclave colonial a miles de kilómetros de distancia. Según sus cálculos, el mantenimiento de la estructura militar en el archipiélago le insume a las arcas británicas una suma superior a los 60 millones de libras esterlinas al año, un gasto que calificó como insostenible a largo plazo para un territorio de la época imperial.

En sus argumentos, el columnista fue tajante al señalar el trasfondo de la disputa y los dobles estándares de la diplomacia de su nación, comparando la situación con los casos de Hong Kong o Diego García. Para el autor, el blindaje que se le otorga a los isleños responde principalmente a una cuestión de afinidad étnica, pero advirtió que la geografía y la historia terminarán pesando más. Con una mirada pragmática, afirmó que «estas colonias, tarde o temprano, inevitablemente se integrarán a sus continentes» y remarcó que las demandas locales no se van a diluir con el tiempo.

Finalmente, el texto apunta de lleno contra la comodidad política de las autoridades de Londres, que prefieren estirar el statu quo actual antes que asumir los costos de sentarse a discutir el fondo del asunto. Jenkins planteó que el referéndum realizado en 2013 no cerró la discusión de manera definitiva y dejó un mensaje claro para la dirigencia de su país, asegurando que «tarde o temprano, un gobierno británico tendrá el valor de reanudar las negociaciones» y dejar de postergar un conflicto que sigue completamente abierto.