La relación entre la Casa Rosada y la Selección parece haber entrado en terreno pantanoso. Tras una victoria resonante de la Scaloneta contra Inglaterra, los festejos deportivos quedaron empañados por un cruce de posturas económicas y políticas. Todo estalló cuando Lionel Messi se refirió a la compleja realidad social del país y dedicó el logro deportivo a los sectores que peor la pasan cotidianamente en la Argentina.

Las palabras del capitán calaron hondo en el ánimo oficialista, provocando una respuesta inmediata a través de los canales institucionales. El encargado de salir al cruce fue Adrián Ravier, quien públicamente intentó matizar el impacto del discurso del futbolista. El funcionario remarcó el desacuerdo del Ejecutivo con la idea generalizada de que la población no logra cubrir sus necesidades básicas al cierre de cada mes, señalando que, si bien hay sectores vulnerables, generalizar la crisis genera una falsa percepción global.

Esta tirantez marca un quiebre en una convivencia que Javier Milei venía cuidando al detalle para evitar roces con el máximo ídolo popular. En el pasado, el mandatario había tomado decisiones drásticas, como el apartamiento de funcionarios de segundas líneas, para proteger la figura del futbolista tras polémicas internacionales. Sin embargo, el panorama cambió drásticamente luego del partido, cuando el jefe de Estado cuestionó con dureza a los jugadores por exhibir símbolos de soberanía sobre las islas Malvinas, catalogando el hecho como un error y criticando lo que consideró consignas nacionalistas anticuadas.