La idea que maneja el círculo íntimo de Javier Milei es habilitar el uso de listas colectoras para la categoría de senadores nacionales, una jugada que apunta directamente a retener el control de la provincia de Buenos Aires. En los planes del oficialismo, este mecanismo permitiría que distintos candidatos a gobernador —por ejemplo, uno de La Libertad Avanza y otro del PRO— lleven adherida la misma boleta de candidatos a la Cámara Alta. De esta manera, el gobierno busca absorber los votos de sus aliados estructurales sin necesidad de ceder casilleros clave en el tramo legislativo de la boleta.
Como era de esperarse, la estrategia generó un fuerte cortocircuito con la oposición y sembró serias desconfianzas entre los socios habituales del oficialismo. Desde el peronismo bonaerense salieron a cruzar con dureza el proyecto, argumentando que se trata de un manotazo que contradice el discurso de transparencia y modernización que la gestión actual intentó instalar con la aprobación de la Boleta Única de Papel. Para los dirigentes opositores, recurrir a este tipo de ingeniería electoral «desvirtúa por completo la voluntad de los votantes» y confunde a la ciudadanía en el cuarto oscuro, transformando el nuevo sistema en un híbrido ineficiente.
Por el lado de los aliados tradicionales, la propuesta tampoco cayó del todo bien y abrió un frente de debate interno. En sectores del macrismo ven con recelo la maniobra porque temen quedar en una posición de debilidad frente al crecimiento territorial de la fuerza libertaria. Consideran que el esquema propuesto los obliga a traccionar votos para una nómina de senadores sobre la cual no tendrán poder de decisión real. El debate está lejos de cerrarse y la pulseada por las reglas de juego de 2027 recién está dando sus primeros pasos en la agenda parlamentaria.
