El lanzamiento del nuevo dispositivo tecnológico impulsado por Donald Trump no arrancó con el pie derecho, y las primeras opiniones de los especialistas fueron lapidarias. Quienes habían reservado el aparato con antelación empezaron a recibirlo y se encontraron con un panorama decepcionante. Los analistas del sector coinciden en que la calidad general del producto deja muchísimo que desear y que el valor de venta fijado en 499 dólares resulta totalmente desproporcionado para lo que realmente ofrece.

De acuerdo con las evaluaciones independientes de los expertos en tecnología, el aparato es real pero está lejísimo de ser un equipo de alta gama. Además de los cuestionamientos por el uso de materiales de baja calidad, el diseño quedó expuesto a la burla masiva en las plataformas digitales debido a un insólito error de confección: la bandera norteamericana grabada en la carcasa dorada quedó mal hecha. Esta falla desató una ola de críticas y memes entre los usuarios que esperaban un producto con estándares de primer nivel.

Por otra parte, se cayó por completo la promesa de comercializar un dispositivo íntegramente fabricado en suelo estadounidense. Diversos análisis revelan que el aparato comparte componentes y arquitectura con dispositivos asiáticos, apuntando a que gran parte del ensamblaje y las piezas provienen de proveedores chinos y de firmas taiwanesas como HTC. Así, la propuesta que pretendía competirle a los gigantes del mercado arrancó su camino golpeada por la decepción de sus propios compradores.