El organigrama del Poder Ejecutivo sufrió una sacudida profunda con la desaparición formal del Ministerio del Interior. Lejos de reducir el radio de acción del Gobierno, las tareas de esa cartera quedaron concentradas bajo la órbita de Diego Santilli. El actual jefe de Gabinete pasa a presidir un superministerio que absorberá el manejo electoral, la Obra Pública y el vínculo directo con los gobernadores. Esta jugada consolida un esquema de centralización muy marcado: Santilli empieza a tejer una red de acuerdos territoriales con tintes fuertemente tradicionales, una estrategia de acumulación de poder que recuerda los años de Sergio Massa conviviendo con la debilidad de Alberto Fernández, aunque ahora con el aval explícito de la cúpula libertaria.

La reconfiguración quedó plasmada en el Boletín Oficial y establece una estructura donde Santilli delegará el día a día en dos hombres clave, ambos alineados con la conducción de Karina Milei. Ignacio Devitt asumirá como vicejefe de Gabinete y Gustavo Coria se hará cargo de la estratégica vicejefatura de Interior. Desde el entorno oficialista señalaron que este formato «buscaría una mayor eficiencia y coordinación entre las diferentes áreas de Nación», calcando un modelo que ya había ensayado Guillermo Francos en su momento. La ampliación de funciones para el nuevo coordinador ministerial abarca desde el control del Renaper y la Dirección Nacional Electoral hasta el Instituto de Asuntos Indígenas y Parques Nacionales.

El ala política del oficialismo ya puso en marcha la maquinaria para el escenario de 2027. Santilli, flanqueado por los Menem, tiene la misión urgente de desarmar las PASO y negociar con los mandatarios provinciales. El nuevo jefe de Gabinete arrancó con el pie derecho las conversaciones en el interior, logrando el visto bueno de la mitad de los gobernadores. El primer entendimiento real se selló con Ignacio Torres, acordando destrabar una licitación clave para el Acueducto de Comodoro Rivadavia. Esta peronización de las formas de hacer política muestra a un Santilli dispuesto a ceder obras e infraestructura a cambio de gobernabilidad y paz electoral en los distritos.