La actividad legislativa en el principal distrito del país acumula una inactividad que ya alcanzó los seis meses enteros. Los distintos bloques no lograron coordinar el inicio de los debates a raíz de fuertes pujas de poder vinculadas a la integración de los equipos de trabajo y las discusiones presupuestarias pendientes. Esta parálisis total en las bancas está a punto de cortarse, dado que se programó para las próximas horas la que será formalmente la primera sesión ordinaria de todo el año, arrastrando una gran cantidad de iniciativas cajoneadas que esperan ver la luz.

Mientras los micrófonos permanecieron apagados, el costo de sostener las estructuras parlamentarias siguió rigurosamente activo. El dinero destinado al funcionamiento de la Cámara alta para este ciclo supera los 156.204 millones de pesos, una partida que representa un costo promedio por cada banca de 3.395 millones de pesos anuales. Al desglosar este presupuesto de cara al bolsillo del contribuyente, la cifra se traduce en un gasto equivalente a unos 282 millones de pesos mensuales por legislador, números que pasaron completamente desapercibidos debido a que la gran mayoría de la población ignora los fondos que maneja cada representante.

Esta millonaria realidad financiera salpica directamente a la representación de Mar del Plata dentro del recinto bonaerense. Los ojos de quienes siguen de cerca la política local se posan sobre los desempeños de Montenegro, Martínez y Raverta. El costo por legislador que insumen estas tres figuras conforma una fortuna grosera que corre mes a mes en forma automática, sin que existan auditorías rigurosas o miradas atentas sobre el rendimiento real de su trabajo diario. La reanudación del debate servirá para comprobar si estas bancas marplatenses empiezan a justificar una porción del altísimo presupuesto que la ciudadanía sostiene a ciegas.