El acto por el Día de la Bandera en Rosario dejó tela para cortar en el plano político, especialmente por el armado del palco oficial. Maximiliano Pullaro se encargó de otorgarle a Victoria Villarruel un sitio de absoluta relevancia institucional, respetando de forma estricta su investidura como vicepresidenta de la Nación. Si bien entre ambos mandatarios prima una relación cordial y de respeto mutuo, el dato que sacudió el avispero fue el mensaje implícito hacia la Casa Rosada. Al rodear de institucionalidad a la titular del Senado, el santafesino expuso de manera indirecta los ruidos internos y las distancias que hoy separan a la funcionaria del círculo de máxima confianza de Javier Milei.

Durante su discurso, el gobernador aprovechó para marcar la cancha en materia de gestión y mandó un mensaje directo sobre cómo se manejan los recursos en su provincia. En medio del parate generalizado que el Ejecutivo nacional impuso sobre la infraestructura pública en todo el país, el dirigente local defendió la continuidad de los proyectos en su distrito y disparó: «En Santa Fe hacemos obra pública sin corrupción». Con esa frase, buscó plantar una bandera de transparencia para diferenciar su administración de los vicios del pasado, pero también para demostrar que la obra estatal puede ser eficiente si se gestiona de forma limpia.

De cara a lo que viene, la jornada sirvió para recalibrar posiciones respecto al demorado Pacto de Mayo, cuya firma quedó agendada para el próximo 9 de julio en Tucumán. A pesar de los reclamos por un federalismo más auténtico y por la defensa de las economías regionales frente al ahogo financiero, se confirmó la asistencia santafesina a la cita del feriado patrio. El escenario rosarino terminó funcionando como un delicado juego de equilibrios, donde se combinaron el respaldo institucional a la vicepresidenta, la ratificación de la gobernabilidad nacional y una firme defensa de los intereses locales.