El escenario de cara a las próximas elecciones empieza a mostrar movimientos estratégicos de peso en las principales fuerzas del país. El PRO viene manteniendo un perfil confrontativo frente a ciertos manejos del oficialismo, potenciado tras las exigencias públicas del espacio hacia la cúpula de la Casa Rosada para que se priorice la transparencia en la gestión de sus funcionarios. Sin embargo, más allá de estos chispazos puntuales, el armado territorial en los dos distritos más importantes a nivel nacional parece encauzarse por un camino de sintonía pragmática.

Mientras Mauricio Macri camina el territorio con la mirada puesta en una eventual postulación para regresar a la presidencia, las segundas líneas de su partido aceleran las conversaciones para sellar un frente común con La Libertad Avanza. La estrategia que se debate puertas adentro apunta a confluir en una propuesta unificada tanto en la Provincia de Buenos Aires como en la Capital Federal. En el entorno del exmandatario entienden que dispersar los votos del electorado que busca consolidar un rumbo de transformación estructural solo beneficiaría a las opciones de la oposición peronista.

La idea de ir juntos a las urnas responde a una necesidad matemática y de supervivencia política. Dirigentes del territorio bonaerense coinciden en que no hay margen para aventuras individuales si se pretende arrebatarle el control del distrito a la gestión actual. En suelo porteño, en tanto, la coincidencia programática busca blindar la administración local. Las discusiones actuales giran en torno a cómo equilibrar el peso de las listas y los nombres propios, pero la premisa de base ya está instalada: la confluencia electoral asoma como el escenario más realista para blindar el rumbo ideológico compartido.