La política en el Reino Unido se sacudió por completo tras un anuncio que cambia los planes del oficialismo de cara al futuro. Keir Starmer decidió dar un paso al costado y dejar su cargo, agobiado por el constante desgaste interno dentro del Partido Laborista y tras un durísimo revés en los últimos comicios regionales. El dirigente confirmó que ya se contactó con el rey Carlos III para comunicarle oficialmente su salida y detalló que se mantendrá al frente de la gestión de manera interina hasta que su espacio defina un reemplazante de forma ordenada.

Durante su discurso de despedida frente a las puertas de la residencia oficial en Londres, se lo pudo ver notablemente conmovido, al punto de quebrarse al mencionar el rol de su familia en este tiempo. Keir Starmer asumió la responsabilidad por la falta de respaldo de sus propios legisladores y reconoció los cortocircuitos internos. “Escuché la respuesta de mi bloque parlamentario y la acepto con total hidalguía”, afirmó, al mismo tiempo que defendió los logros de su gestión en materia económica y social durante los dos años que estuvo en el poder.

El cronograma para elegir a la nueva conducción partidaria se pondrá en marcha el próximo 9 de julio. La intención de la cúpula laborista es acelerar los plazos para que el nuevo mandatario asuma formalmente en septiembre, antes de que se reactive la actividad en el Parlamento. Con este escenario, todas las miradas apuntan ahora a Andy Burnham como el candidato con más fuerza para tomar las riendas del Gobierno, sobre todo después de que otros competidores de peso decidieran bajarse de la carrera para evitar una interna feroz en el partido.