Convencido de que continuar con las hostilidades directas significaba sostener una batalla perdida y un desgaste sin salida, Donald Trump optó por cambiar de rumbo y sellar un entendimiento con Irán. Este pacto preliminar, que establece una tregua de sesenta días para negociar cuestiones de fondo en materia nuclear y económica, generó un alivio inmediato a nivel global, pero sobre todo reconfiguró por completo el tablero energético internacional.

La primera consecuencia directa de este acercamiento político se sintió con fuerza en las pizarras de los mercados energéticos, donde los valores internacionales del crudo registraron un marcado desplome. En las primeras transacciones de la jornada, el barril de West Texas Intermediate (WTI), que funciona como el principal indicador para el mercado norteamericano, retrocedió un 3,4% para comercializarse en 74,18 dólares. Por su parte, el Brent del Mar del Norte, valor de referencia en los principales mercados globales, acompañó la tendencia bajista con un descenso del 3,02%, ubicándose en los 77,15 dólares por barril.

La clave detrás de este derrumbe de precios radica en la inminente normalización del transporte marítimo y el levantamiento del bloqueo naval en el Estrecho de Ormuz, un canal crucial por donde circula cerca de la quinta parte de la producción global de combustible. Con la promesa de restablecer las operaciones plenas en un lapso de treinta días y las exenciones inmediatas que otorgará la gestión de Donald Trump para comercializar el crudo iraní, los operadores ya prevén un escenario de sobreoferta. De concretarse el éxito de las mesas de diálogo en Suiza, la Agencia Internacional de Energía estimó que el desabastecimiento actual podría transformarse en un importante excedente de cara al año que viene.