El panorama del empleo y los ingresos en el país sumó un nuevo nivel de preocupación durante el último mes. Los datos oficiales del sector laboral muestran que la inflación local continuó limando la capacidad de compra de los trabajadores y el salario medio de la economía volvió a quedar por debajo de la evolución de los precios de la canasta básica. Este desfasaje no hace más que profundizar un escenario complejo para el consumo y la economía familiar en la mayoría de los distritos.
La pérdida del poder adquisitivo vino acompañada de una fuerte señal de alerta en el mercado del trabajo registrado. Según las estadísticas del Sistema Integrado Previsional Argentino, un total de 19 provincias registraron caídas en sus niveles de empleo formal en la comparación interanual. El retroceso en la contratación en blanco en la mayor parte del territorio nacional expone las dificultades que enfrentan las empresas privadas para sostener sus plantillas en medio de la recesión actual.
Entre las jurisdicciones más afectadas por la baja del trabajo registrado aparecen Formosa, La Rioja y Santiago del Estero, con caídas que en algunos casos superan el diez por ciento. En contraposición, apenas un puñado de provincias de la región patagónica y del centro lograron exhibir variaciones positivas muy leves, traccionadas principalmente por actividades específicas como la minería y la energía, que funcionan como excepciones dentro de una tendencia generalizada a la baja.
Especialistas del sector explicaron que la combinación de sueldos que no alcanzan a cubrir la inflación y la destrucción de puestos laborales formales genera una doble presión sobre el entramado social. El estancamiento de la actividad económica sigue complicando las paritarias sectoriales, lo que impide que las remuneraciones logren ganarle la carrera a los precios y estabilizar los números de desocupación en el corto plazo.
