La pulseada por el control del relato oficial y las decisiones estratégicas en los pasillos del poder sumó un nuevo capítulo que complica el día a día de la gestión pública. La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, avanza firmemente en un plan para armar una estructura de comunicación digital propia. El objetivo de fondo es correr del mapa al equipo que actualmente maneja el ecosistema de las redes sociales oficiales, un sector que reporta de manera directa al asesor presidencial Santiago Caputo.

Para llevar adelante esta reestructuración en el plano virtual, la hermana del mandatario cuenta con el respaldo estratégico de Martín Menem, Eduardo «Lule» Menem y el realizador audiovisual Santiago Oría. La intención que manifiestan en este sector del oficialismo es clara: sostienen que el armado partidario no puede «depender de terceros» para difundir los contenidos del Gobierno, marcando una distancia evidente con el núcleo de militantes y creadores digitales que hasta ahora centralizaban la narrativa libertaria.

A pesar de los constantes roces, cerca de las oficinas del estratega digital prefieren restarle dramatismo a la situación y aseguran con firmeza que «nadie se va», intentando mostrar que los puestos clave no corren peligro. No es el primer cortocircuito entre ambos sectores: arrastran un historial reciente de rispideces que incluye desde cruces por el armado de listas en la provincia de Buenos Aires hasta tensiones por denuncias judiciales que involucraron a militantes virtuales.

Este tironeo por el control de las plataformas digitales expone las dificultades metodológicas que enfrenta el oficialismo a la hora de coordinar sus equipos de trabajo. Mientras un ala busca consolidar una estructura partidaria formal y orgánica, la otra defiende la autonomía de un bloque comunicacional que consideran clave para el éxito del proyecto político.