Perú atraviesa momentos de extrema paridad tras el cierre de los comicios presidenciales. Si bien los primeros sondeos a boca de urna posicionaron al frente a Keiko Fujimori con un 50,7% frente al 49,3% de su rival, la tendencia se dio vuelta por completo al conocerse el conteo rápido de la consultora Ipsos. Este último relevamiento estadístico, que trabaja directamente sobre las actas de votación, ubicó en primer lugar a Roberto Sánchez con el 50,3% de los sufragios, relegando a la postulante de Fuerza Popular al 49,7%.

Ante este escenario de paridad absoluta, las reacciones de los principales involucrados no se hicieron esperar. El postulante de izquierda se mostró confiado y lanzó ante sus militantes: “recuperaremos el gobierno para el pueblo”. Por su parte, la referente de la derecha adoptó una postura mucho más cauta y remarcó que “nadie ha ganado en Perú”, al mismo tiempo que consideró que “sería irresponsable” proclamar una victoria basándose únicamente en proyecciones iniciales, exigiendo que se fiscalice la totalidad de las actas de votación.

Desde la organización del proceso electoral adelantaron que la definición formal de los comicios demandará bastante tiempo. Las autoridades del Jurado Nacional de Elecciones explicaron que la confirmación definitiva del escrutinio se estirará hasta mediados de julio, producto de la implementación de un nuevo mecanismo de revisión obligatoria para los votos que hayan sido objeto de impugnaciones u observaciones.

La jornada electoral dejó en evidencia una fractura geográfica muy marcada en el electorado, con un fuerte respaldo urbano en Lima hacia la candidata derechista, mientras que el interior del país volcó masivamente su apoyo hacia Sánchez. El contexto en el que se llegó a esta instancia definitiva estuvo condicionado por un marcado descontento social hacia ambas propuestas, sumado a una honda preocupación por los niveles de inseguridad y extorsión que afectan la vida cotidiana del país.