La escalada de la morosidad familiar en el país, que según las últimas mediciones del Banco Central trepó al 11,5% en marzo, generó movimientos contundentes en el sector financiero. Frente a esta realidad que golpea los bolsillos, las principales entidades bancarias apuraron el diseño de agresivas estrategias comerciales. El objetivo real detrás de estas jugadas no es otorgar un alivio genuino o un salvataje desinteresado a los deudores, sino instrumentar refinanciaciones efectivas que les permitan asegurar la cobranza de los saldos pendientes y captar carteras de clientes que hoy están atrapados en el sistema de pagos.

En este escenario de disputas por la recaudación, el Banco Nación pateó el tablero al lanzar un plan orientado a absorber compromisos ajenos. La entidad comandada por Daniel Tillard busca consolidar deudas provenientes de competidores privados y plataformas fintech —estas últimas con tasas altísimas y un 30% de mora—. Para asegurar este cobro a largo plazo, proponen préstamos de hasta 72 meses con una Tasa Nominal Anual del 65% y un costo financiero total del 114,21%. Esta avanzada obliga al resto del mercado a acelerar sus propios mecanismos de reestructuración para evitar que sus clientes migren con sus deudas a la banca estatal.

Por su parte, la banca pública bonaerense mantiene activas sus propias líneas operativas para garantizar el recupero de fondos, aplicando metodologías de refinanciación con plazos de hasta seis años y una tasa fija del 83,33%. En tanto, las entidades del sector privado prefieren eludir los anuncios masivos. Los bancos privados optan por evaluar los casos de manera individual y segmentada, conteniendo la mora con acuerdos particulares mientras esperan que una eventual recomposición de los salarios reales facilite el cobro regular de los resúmenes de las tarjetas y los créditos personales.