El clima de convivencia dentro del espacio oficialista llegó a un punto de saturación extrema, evidenciando un quiebre que ya resulta imposible de disimular de las puertas para adentro. Las fricciones cruzadas entre los principales armadores del esquema gubernamental escalaron de tal forma que los protagonistas eligen ventilar los trapos al sol en las redes sociales antes que discutir las diferencias en privado. Esta situación dejó al descubierto una parálisis organizativa de cara al armado electoral, donde las desconfianzas mutuas terminaron por minar el funcionamiento de la mesa política que solía coordinar la gestión diaria.

El epicentro de la disputa tiene como protagonistas principales a figuras clave del entorno presidencial. El asesor Santiago Caputo mantiene un durísimo enfrentamiento con la estructura que comandan los primos Menem, sumado a los ruidos permanentes entre Manuel Adorni y Patricia Bullrich. En medio de este fuego cruzado, la influencia de Karina Milei quedó entrelazada en las disputas, ya que cualquier cruce con su sector implica chocar de frente con el ala partidaria que ella lidera. Aunque el jefe de Estado intentó intervenir personalmente para calmar las aguas y respaldar la continuidad de sus colaboradores directos, su palabra no bastó para frenar la embestida de las facciones digitales y el malestar que domina al Gabinete.

Quienes caminan diariamente los pasillos de la Casa Rosada advierten que el actual esquema de toma de decisiones está completamente agotado y que, «si no cesa la interna, algo va a pasar». Los funcionarios de primera línea observan con seria preocupación cómo la falta de un conductor que logre encarrilar a la tropa desgasta la imagen pública y entorpece los objetivos legislativos. Con un panorama interno que ya se tornó inmanejable, las distintas terminales del oficialismo se preparan para un escenario de transición inminente, donde el margen para sostener una tregua parece haberse reducido a cero.