Javier Milei tiene intenciones firmes de reincorporar a la gestión pública a José Luis Espert, pensándolo para algún puesto de relevancia en el gabinete o incluso enviándolo a encabezar alguna delegación diplomática en el exterior. Con este movimiento, la intención de máxima del mandatario es desviar la atención pública de los escándalos que arrastra Manuel Adorni, un tema espinoso que viene complicando la agenda del Ejecutivo desde hace ya varios meses.

La motivación central del jefe de Estado radica en que considera injusto el aislamiento político que sufrió José Luis Espert luego de que salieran a la luz sus nexos con el empresario Fred Machado. De hecho, Javier Milei salió a bancarlo públicamente en las redes sociales afirmando que «hicieron mierda a un tipo inocente», intentando aprovechar una serie de novedades judiciales provenientes de Norteamérica ( Machado se declaró culpable de dos cargos a cambio de que le bajen el de narcotráfico ) para limpiar el nombre de su aliado. Sin embargo, la estrategia sumó un dolor de cabeza inesperado, dado que poco después trascendió que el propio investigado en Texas reconoció culpabilidad en maniobras de estafa y lavado de dinero.

Llevar a la práctica este rescate político no asoma nada sencillo por las resistencias internas que despierta. Quienes conocen el día a día gubernamental advierten que, si bien el primer mandatario tiene el deseo de sumarlo incluso en áreas clave como el Palacio de Hacienda, la última palabra la tiene siempre Karina Milei, quien arrastra un viejo e histórico recelo con el economista. Además, en los sectores más pragmáticos del espacio miran de reojo la maniobra; consideran que armar semejante revuelo para tapar otros problemas vigentes se asemeja bastante a «romper el termómetro para que te baje la fiebre».