Los movimientos estratégicos de Axel Kicillof han comenzado a trazar un nuevo escenario de cara a las próximas definiciones electorales. Desde el entorno más cercano al gobernador bonaerense, trabajan para instalar con fuerza la versión de que el dirigente sanjuanino Sergio Uñac priorizará finalmente la disputa por la gobernación de su provincia natal. Con esa operación en marcha, el núcleo intimo de Kicillof parece haber encontrado una alternativa audaz: subir a la contienda interna a un perfil de bajísimo conocimiento público, con el objetivo de escenificar una competencia controlada que le permita al mandatario legitimar su posición sin riesgos reales.

La idea de una interna contra figuras como Jorge Brito (impulsada por Emilio Monzó) ha comenzado a seducir al oficialismo provincial, entendiendo que este tipo de enfrentamientos sirven para moderar la imagen del proyecto y suavizar las aristas más rígidas de su identidad política. En este contexto, la estrategia de subir a un «desconocido» a la pelea no es solo una táctica de supervivencia, sino un intento de mantener la centralidad mientras se intenta capear una situación económica y social en territorio bonaerense que no da tregua. La incertidumbre sobre el rol final de los actores nacionales y provinciales mantiene la tensión en un oficialismo que necesita, ante todo, orden interno.

Por su parte, Sergio Uñac sigue manteniendo activas reuniones en Buenos Aires con referentes de distintos espacios del peronismo y empresarios de peso. Estos encuentros, lejos de confirmar un repliegue a tierras sanjuaninas, sugieren que el dirigente busca consolidar un esquema de alianzas transversales que trascienden las fronteras de su provincia. La presencia constante del sanjuanino en los círculos de poder de la Capital Federal ha encendido las alarmas en La Plata, donde interpretan esta hiperactividad como una señal de que sus ambiciones y armado podrían colisionar con los planes del gobernador bonaerense, quien hasta ahora, se sentía como único candidato.