Luego de que las negociaciones de alto al fuego en Islamabad fracasaran sin lograr un acuerdo, Donald Trump ha ordenado a la Armada de los Estados Unidos iniciar un bloqueo naval en el estrecho de Ormuz. Esta decisión surge como una respuesta directa ante la imposibilidad de frenar las maniobras de Irán, que previamente había intentado imponer su control y cobrar peajes en esta vía marítima vital para el comercio energético global. La Casa Blanca busca ahora revertir la situación posicionándose como el nuevo actor que restringirá el tránsito, específicamente el vinculado a los puertos iraníes.

El Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) detalló que el operativo comenzará este lunes y se aplicará con firmeza sobre cualquier embarcación que intente ingresar o salir de las terminales portuarias de Irán. Donald Trump fue contundente al justificar la medida, afirmando que el país persa se mantiene «inflexible en cuanto al punto más importante», refiriéndose a sus ambiciones nucleares. En sus declaraciones más recientes, el mandatario advirtió que no permitirán que Teherán se beneficie de lo que calificó como una «extorsión mundial» y aseguró que las fuerzas navales tienen instrucciones de interceptar a quienes colaboren con el régimen iraní.

A pesar de la rigidez del anuncio, desde el ámbito militar se ha aclarado que la intención es garantizar la libre navegación para el resto de las naciones que no tengan como destino los puertos en conflicto. Sin embargo, el riesgo de una escalada bélica es inminente, ya que Teherán ha prometido una «dura resistencia» contra cualquier buque estadounidense que intente ejecutar el bloqueo en aguas que consideran bajo su jurisdicción. La comunidad internacional observa con alarma este cambio de estrategia, donde Estados Unidos pasa de intentar reabrir el paso a convertirse en el principal ejecutor de restricciones marítimas en la región.