La situación operativa y financiera de Flybondi ha entrado en una zona de turbulencia que ni siquiera el cambio de dueños ha logrado calmar. A pesar de la llegada de Leonardo Scatturice y su grupo inversor, la aerolínea atraviesa un presente crítico marcado por la falta de pago de los haberes de marzo a su personal. En las últimas horas, la empresa envió una comunicación interna bajo el título «Hola Flybondiers» donde admitió el retraso, atribuyéndolo a supuestos inconvenientes administrativos, pero sin dar una fecha concreta para regularizar los depósitos. Esta incertidumbre ha puesto a los gremios en estado de alerta y ya se evalúan medidas de fuerza que podrían paralizar la actividad por completo.

El conflicto laboral no es el único frente abierto para la compañía, que también lidia con una seguidilla de cancelaciones y reprogramaciones que afectan a miles de pasajeros. La tensión interna es especialmente alta en escalas como Bariloche, donde se denunciaron despidos recientes y bloqueos de cuentas corporativas, impidiendo que los trabajadores desvinculados reciban información sobre sus liquidaciones. Mientras la firma intenta proyectar un plan de expansión ambicioso de la mano de su nuevo holding, la realidad en las pistas muestra una desconexión preocupante, con reclamos por viáticos impagos y una operatividad cada vez más comprometida.

Desde los sectores sindicales aseguran que la situación es insostenible, ya que se le pide a los empleados continuar con sus tareas sin haber percibido sus remuneraciones en el plazo legal vencido. La falta de respuestas claras por parte de la conducción de Scatturice alimenta los rumores sobre una posible relocalización de operaciones o un ajuste estructural más profundo. En este escenario, la promesa de una mejora en el servicio tras la compra de la empresa parece haber quedado en suspenso, dejando tanto a trabajadores como a viajeros en un estado de desprotección total frente a las decisiones de la aerolínea.