El sector de la salud atraviesa un debate profundo en torno a la irrupción de plataformas digitales que conectan a pacientes con profesionales de forma directa, un fenómeno que muchos ya califican como la «uberización» de la medicina. Las instituciones que agrupan a los especialistas han manifestado una preocupación creciente, no solo por la precarización laboral que esto implica, sino por el riesgo que supone para la seguridad de quienes consultan. El foco del conflicto reside en que estas aplicaciones suelen priorizar la inmediatez y el bajo costo por sobre el seguimiento personalizado y la calidad del acto médico.
Desde el Colegio de Médicos de la Provincia de Buenos Aires, Distrito IX, se ha puesto el grito en el cielo ante la proliferación de estas ofertas que, bajo la promesa de una atención rápida en el celular, desdibujan la relación médico-paciente. Según explican, estas plataformas suelen operar fuera de los marcos regulatorios tradicionales, lo que genera un vacío legal donde los honorarios son fijados de forma arbitraria y muy por debajo de los valores éticos. Además, advierten que la atención virtual indiscriminada impide realizar exámenes físicos esenciales, fundamentales para un diagnóstico certero en muchas patologías.
«Estamos viendo una deshumanización del servicio y una explotación del profesional», sostienen desde la entidad, remarcando que la medicina no puede tratarse como un simple intercambio comercial de pocos minutos. La postura de los referentes del área es clara: si bien la tecnología es una herramienta valiosa, su uso debe estar regulado para evitar que se convierta en un mercado donde lo que menos importe sea la salud del usuario. La insistencia radica en proteger la responsabilidad civil y penal del médico, la cual se ve seriamente comprometida cuando los protocolos de atención se vuelven laxos en favor de la rentabilidad de una empresa tecnológica.
