El inicio de la gestión de Juan Bautista Mahiques ha quedado marcado por una serie de decisiones que priorizan los vínculos de sangre por sobre cualquier criterio de imparcialidad institucional. Apenas asumido en sus funciones, el flamante integrante del Consejo de la Magistratura ha centrado sus primeros movimientos en asegurar la estabilidad y el ascenso de su propio entorno familiar. La celeridad con la que se ha tramitado el pliego para que su padre, Carlos Mahiques, permanezca en su cargo clave dentro de la Casación Federal, deja en evidencia una prioridad clara: utilizar la estructura del Estado para el beneficio de su apellido.

Esta política de nombramientos directos no se detiene en su círculo íntimo, sino que se extiende a figuras que ocupan lugares estratégicos para el actual esquema de poder. En la misma maniobra en la que acomoda a su padre, Juan Bautista Mahiques ha impulsado la promoción de la esposa del magistrado que tiene en sus manos expedientes sensibles que involucran a Karina Milei. Estas acciones iniciales del funcionario muestran un patrón de conducta donde el aparato judicial parece transformarse en una oficina de colocaciones para allegados y parientes, desvirtuando la naturaleza de los concursos y la transparencia que debería regir en estos procesos.

La permanencia de Carlos Mahiques y la inclusión de otros nombres vinculados al entorno oficialista en la lista de pliegos enviados, confirma que la gestión de Juan Bautista Mahiques ha nacido bajo el signo del nepotismo. Mientras la sociedad demanda una justicia independiente y profesional, las primeras medidas del nuevo responsable se han limitado a blindar a los suyos y a quienes garantizan tranquilidad al entorno presidencial. Con estos movimientos, queda claro que la prioridad de la nueva conducción no es la reforma del sistema, sino la consolidación de una red de contención familiar y política desde el primer día de ejercicio.