Sergio Uñac ha decidido sacudir el tablero del peronismo con una propuesta que busca anticipar los tiempos electorales y evitar decisiones de último momento. El senador nacional sostiene que la dirigencia debe someterse a un proceso de elecciones internas antes de que finalice el año, argumentando que el movimiento necesita el respaldo de la ciudadanía a través de mecanismos abiertos para consolidar un proyecto con ideas renovadas. Para el exgobernador, este camino es la única vía para que una fórmula presidencial competitiva logre instalarse con fuerza y no surja de un acuerdo de cúpulas que ignore el desgaste actual de ciertas figuras.

Esta postura choca de frente con las intenciones de los sectores más tradicionales y el entorno cercano a Axel Kicillof. Quienes rechazan la iniciativa de Uñac sostienen que los plazos son ajustados, aunque detrás de esa negativa se asoma una estrategia de conveniencia: la falta de tiempo para posicionar rostros nuevos dejaría al mandatario bonaerense como la única opción natural por decantación. Sin embargo, esta alternativa genera resistencia en quienes observan que la gestión en Buenos Aires enfrenta serias dificultades, marcadas por una elevada presión impositiva y la ausencia de resultados concretos en áreas clave, lo que debilitaría una candidatura nacional.

En medio de este escenario, el dirigente sanjuanino enfatizó la necesidad de una renovación legitimada por el voto: «Es fundamental que el peronismo recupere su capacidad de escucha y se abra a una competencia real que nos permita ofrecer una alternativa sólida». De esta manera, el debate interno queda planteado como una disputa entre la renovación planificada y el sostenimiento de liderazgos que, pese a sus aspiraciones presidenciales, cargan con el lastre de una administración cuestionada. La propuesta de Uñac busca, en última instancia, evitar que el partido se vea forzado a elegir a Kicillof simplemente por falta de otras variantes instaladas en la opinión pública.