Afirman que se dió un intenso choque de intereses que involucró a figuras de alto perfil y un potencial acuerdo de gran envergadura. Patricia Bullrich, una de las principales referentes del oficialismo, habría impulsado la contratación de la controvertida empresa de análisis de datos Palantir, en lo que se perfilaba como un negocio multimillonario. Sin embargo, sus planes se vieron frustrados por la intervención de Karina Milei, en una disputa que expone las supuestas tensiones internas por el control de las oportunidades lucrativas dentro de la administración.
El proyecto de Bullrich (desarrollado junto a Guerra de influencias: El control de un negocio de datos divide al oficialismosu esposo, Guillermo Yanco) contemplaba la creación de una Agencia de Seguridad Migratoria, que sería encabezada por Diego Valenzuela. A través de esta nueva entidad, se buscaría formalizar un «contrato extralarge» con Palantir, una firma cofundada por Peter Thiel, conocida por sus servicios de ciberespionaje y manejo de macrodatos para agencias de inteligencia y defensa a nivel global. No obstante, la iniciativa fue abruptamente frenada por Karina Milei y su círculo, lo que resultó en la anulación del cargo para Valenzuela y, consecuentemente, la caída del acuerdo. La frustración de Valenzuela fue evidente, quien en una reunión privada habría expresado que «Karina lo tiene secuestrado a Milei», evidenciando la magnitud del conflicto interno.
Más allá de la pugna por el control de este tipo de acuerdos, la posible llegada de Palantir al país genera serias preocupaciones. La empresa, que ha trabajado con entidades como la CIA y el ICE en Estados Unidos, y ha sido cuestionada en Alemania por vulnerar derechos civiles, tiene la capacidad de compilar y procesar vastas cantidades de datos personales de diversas fuentes estatales. Un decreto reciente que establece una «Comunidad Informativa Nacional» ya ha encendido las alarmas en la oposición, que lo considera una amenaza a las garantías constitucionales y a la privacidad de los ciudadanos. La sombra de un «negocio» que podría redefinir la relación entre el Estado y sus habitantes es innegable.
Un diputado libertario, consciente de las implicaciones, admitió con preocupación que «Si viene Palantir, todo lo demás no importa porque cambia la forma de gobernarnos». Esta declaración subraya la trascendencia de la disputa por el control de este tipo de contratos, que van más allá de las meras internas palaciegas. La potencial injerencia de una empresa con estas capacidades en la recopilación y análisis de información ciudadana plantea interrogantes fundamentales sobre la soberanía de datos y la protección de las libertades individuales en el país.
