Después de casi dos décadas al frente del Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (Suteba), Roberto Baradel ha anunciado que no buscará la reelección en los próximos comicios gremiales. Esta decisión marca el fin de una era en la conducción del principal sindicato docente de la provincia, un periodo caracterizado por una intensa actividad sindical que, para muchos, tuvo un impacto significativo en el normal desarrollo de las clases. Aunque se retira de la dirección provincial, Baradel mantendrá su influencia en el ámbito nacional, ya que aspira a renovar sus cargos en la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (Ctera) y en la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), organizaciones que también enfrentan elecciones este año.

La figura de Baradel se consolidó en el escenario público durante los periodos de mayor confrontación con las administraciones provinciales, especialmente bajo los gobiernos de Daniel Scioli y María Eugenia Vidal. Estos años estuvieron marcados por prolongados periodos de huelgas y paros que, si bien el dirigente defendía como legítimas demandas salariales y de condiciones laborales, generaron constantes interrupciones en el calendario escolar y mantuvieron a miles de estudiantes fuera de las aulas. Las críticas a su gestión a menudo señalaban que estas medidas de fuerza respondían más a alineamientos políticos con el kirchnerismo que a las necesidades genuinas de los docentes, una percepción que el propio Baradel siempre negó, atribuyendo la conflictividad a las políticas de los gobiernos de turno.

Con la llegada de Axel Kicillof a la gobernación bonaerense, la beligerancia sindical de Suteba disminuyó notablemente, registrándose un periodo de más de seis años sin paros, lo que para muchos evidenció la estrecha relación política entre el gremialista y el actual mandatario provincial. Ahora, con su salida de la conducción de Suteba, la «Lista Celeste» oficialista presentará a María Laura Torre como candidata, una dirigente que representa la continuidad de la línea de Baradel. Este cambio de mando en el gremio provincial, tras años de una gestión que generó tanto adhesiones como fuertes cuestionamientos por su impacto en la educación, abre un nuevo capítulo en la historia sindical docente de la provincia de Buenos Aires.