La confrontación en Medio Oriente alcanzó un punto de máxima tensión este martes, con advertencias de Estados Unidos sobre una intensificación sin precedentes de los ataques aéreos contra Irán. Desde Washington, se anticipó que la jornada sería «el día más intenso» de bombardeos sobre territorio iraní desde el inicio del conflicto. En respuesta, Teherán reafirmó su postura de resistencia, declarando su disposición a luchar «el tiempo que sea necesario» y amenazando con paralizar las exportaciones de petróleo desde el Golfo Pérsico si la agresión persiste. Esta escalada se produce en un contexto de constantes ofensivas, incluyendo una nueva oleada de bombardeos israelíes dirigidos a «objetivos del régimen» en la capital iraní.

La retórica belicista se agudizó con declaraciones cruzadas de alto nivel. El canciller iraní, Abás Araqchi, afirmó que su país está «preparado para continuar los ataques con misiles contra ellos el tiempo que sea necesario y siempre que sea necesario», y que «las fuerzas armadas iraníes […] no permitirán la exportación de un solo litro de petróleo de la región a la parte hostil y sus aliados hasta nuevo aviso». Por su parte, el presidente estadounidense, Donald Trump, lanzó una severa advertencia a Irán, prometiendo «muerte, fuego y furia» si se interrumpe el flujo petrolero en el estratégico Estrecho de Ormuz. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, también se pronunció, asegurando que «aún no hemos terminado» con la ofensiva, contradiciendo las afirmaciones de Trump sobre un pronto fin del conflicto.

El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijani, respondió enérgicamente a las advertencias de Donald Trump, elevando el tono en medio de la creciente tensión en la región. Larijani afirmó que «El pueblo iraní no teme a sus amenazas vacías», y añadió una contundente advertencia: «Cuidado, no sea que sean ustedes los que desaparezcan».

Las repercusiones de esta crisis se extienden más allá de las fronteras directas de los contendientes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó sobre los riesgos para la salud pública en Irán debido a la «lluvia ácida» generada por los ataques a instalaciones petroleras, recomendando a la población permanecer en sus hogares. Simultáneamente, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) reportó el desplazamiento de 667.000 personas en el Líbano en solo una semana, a causa de los ataques israelíes y las órdenes de evacuación. A nivel internacional, la situación genera preocupación, con España reclamando respeto por la soberanía libanesa y el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, señalando a Rusia como el único «ganador» hasta el momento por el alza de los precios del petróleo. La petrolera Saudi Aramco, por su parte, advirtió sobre consecuencias «catastróficas» para el mercado global si no se reabre el Estrecho de Ormuz.