Los ingresos fiscales en Argentina mostraron una significativa contracción en febrero, reflejando un panorama económico desafiante. La recaudación total alcanzó los $16,23 billones, lo que representa un incremento nominal del 20,1% respecto al año anterior. Sin embargo, al ajustar esta cifra por la inflación estimada, que se ubicó alrededor del 32% interanual, el poder adquisitivo de estos fondos se redujo en un 9,7% en términos reales. Este descenso marca el séptimo mes consecutivo en que la recaudación pierde terreno frente al aumento generalizado de precios.

Varios factores contribuyeron a esta caída. Los ingresos relacionados con el comercio exterior experimentaron una disminución notable, principalmente debido a una desaceleración en las importaciones. Esto se explica en parte por una base de comparación elevada del año anterior y por la reducción de aranceles en ciertos productos, como los teléfonos inteligentes. Asimismo, los derechos de exportación sufrieron un fuerte retroceso real del 39,6%, influenciado por la eliminación de cargas tributarias al sector agropecuario en meses previos, lo que incentivó el adelanto de exportaciones y posteriores recortes de alícuotas.

El Impuesto al Valor Agregado (IVA) neto, uno de los tributos más importantes, también registró una baja del 13,6% en términos reales. Esta disminución se atribuye a la restitución de certificados de exclusión de la percepción aduanera y a un menor volumen de importaciones. Otros impuestos relevantes, como los aportes y contribuciones a la seguridad social, disminuyeron un 5% real, afectados por el comportamiento del salario real y la cantidad de empleo formal. El Impuesto a los Créditos y Débitos, así como Ganancias y los impuestos internos coparticipados, también mostraron caídas, con la única excepción del impuesto a los combustibles, que experimentó un incremento del 18,8%.

Esta merma en la recaudación impactó de manera diferenciada a los distintos niveles de gobierno. Los recursos que quedan en manos del gobierno nacional se redujeron un 10,5% real, mientras que los destinados a las provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires cayeron un 8%. En conjunto, la pérdida de ingresos para ambos niveles de gobierno superó los $1,7 billones, evidenciando la presión fiscal en un contexto de alta inflación y menor actividad económica.