El Reino Unido está intensificando sus esfuerzos para establecer un sistema de pagos nacional alternativo, motivado por la inquietud ante la posibilidad de que una futura administración de Donald Trump en Estados Unidos pueda desestabilizar la infraestructura financiera global. La preocupación radica en que el expresidente estadounidense podría utilizar los sistemas de pago dominados por empresas norteamericanas como una herramienta para ejercer presión política, afectando la economía británica y europea.
Este temor se ha visto exacerbado por declaraciones previas de Trump y su postura hacia Europa, así como por el reciente acercamiento del Reino Unido al continente tras el Brexit. La experiencia de Rusia, donde las sanciones estadounidenses cortaron el acceso a servicios de Visa y Mastercard, dejando a la población sin medios de pago habituales, sirve como un precedente alarmante. Actualmente, estas dos gigantes de tarjetas procesan aproximadamente el 95% de todas las transacciones en el Reino Unido, lo que subraya la vulnerabilidad del país ante una posible interrupción.
En respuesta a esta situación, las principales entidades bancarias británicas, incluyendo Barclays, Natwest, Lloyds, Santander y Nationwide, han comenzado a coordinar la creación de una nueva plataforma. El objetivo principal es reducir la dependencia del Reino Unido de la infraestructura financiera estadounidense y asegurar la continuidad de las operaciones económicas en caso de que los sistemas actuales se vean comprometidos. Un ejecutivo del sector señaló que una interrupción de Visa y Mastercard «nos haría retroceder a la década de 1950», destacando la importancia crítica de esta iniciativa.
Aunque el proyecto para una infraestructura de pagos de próxima generación ya existía, la perspectiva de un regreso de Trump a la Casa Blanca ha acelerado significativamente su desarrollo. Las empresas Visa y Mastercard, por su parte, han manifestado su compromiso con el mercado británico y han expresado que la competencia entre diversas soluciones de pago es beneficiosa para la innovación y el crecimiento económico. Sin embargo, la determinación de Londres de forjar su propia autonomía financiera es clara, buscando proteger su economía de posibles injerencias externas.
