El gobierno argentino se encuentra ante un desafío financiero considerable este año, con vencimientos que ascienden a unos 12.000 millones de dólares. La gran interrogante que surge es cómo se afrontarán estos compromisos sin que ello implique un crecimiento desmedido de la deuda externa, especialmente cuando la administración actual ha manifestado su intención de no recurrir a la emisión de nuevos bonos internacionales en el corto plazo. Esta postura se mantiene incluso en un contexto donde otras economías emergentes han logrado captar financiamiento en los mercados globales con condiciones favorables.

La estrategia oficial para cubrir estas obligaciones se articula en torno a un «menú de opciones» que incluye la consolidación del superávit fiscal, la venta de activos estatales y la búsqueda de acuerdos con organismos multilaterales. Sin embargo, en el ámbito financiero local, se percibe una «ventana de oportunidad» para que el país retome el acceso a los mercados de deuda. Gustavo Araujo, jefe de research de Criteria, subraya que «más que una discusión teórica sobre capacidad de pago, el mercado seguirá muy de cerca la forma concreta en que el Gobierno decida afrontarlos: vía reservas, roll over, financiamiento multilateral o alguna combinación de instrumentos». Además, advierte que la liquidación de activos, aunque «necesaria», es un «recurso finito» que no resuelve el problema estructural de solvencia sin un esquema macroeconómico sostenible.

Las privatizaciones, que incluyen rutas nacionales, la Hidrovía y participaciones en empresas como Transener o Aysa, son parte de la hoja de ruta, pero los fondos que se obtendrían de estas operaciones no serían suficientes para cubrir la totalidad de los vencimientos. En este escenario, la refinanciación con organismos multilaterales y la utilización de fondos del mercado local para adquirir divisas se perfilan como alternativas clave, según el equipo de Research de Puente. Expertos como Martín Polo, economista de Cohen, sugieren que un retorno al mercado de deuda sería «un escenario virtuoso» si el riesgo país se ubicara por debajo de los 400 puntos. Por su parte, Pilar Tavella, de Balanz, considera que el gobierno tiene margen para esperar condiciones aún más ventajosas o buscar financiamiento alternativo a menor tasa y mayor plazo. La actual reticencia a emitir deuda, según Araujo, podría interpretarse como una «deliberada señal de fortaleza», buscando proyectar autonomía financiera y acumulación de reservas sin depender de nueva deuda.